Ciudad de México – Un protocolo implementado en un hospital para niñas, niños y adolescentes ha permitido identificar, en tan solo un mes, que 15 de los 25 pacientes de entre 13 y 17 años atendidos presentaban riesgo de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria. La detección oportuna se realiza desde la primera consulta médica, gracias a un equipo multidisciplinario conformado por especialistas en paidopsiquiatría, psiquiatría clínica, trabajo social y enfermería.
En entrevista, autoridades del hospital señalaron que uno de los principales retos es que muchas personas con estos trastornos no buscan ayuda sino hasta diez años después de los primeros síntomas, y en la mayoría de los casos acuden por crisis graves, como intentos suicidas o conductas autolesivas. Para entonces, ya enfrentan serias complicaciones físicas y mentales, incluyendo depresión, ansiedad, estrés postraumático y consumo de sustancias, que afecta al 25% de los pacientes.
Entre los trastornos más frecuentes se encuentran la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón, con una clara mayoría de mujeres afectadas (hasta diez casos femeninos por cada hombre). A nivel nacional e internacional, menos del 10% de los adolescentes con estos problemas se encuentra en tratamiento.
El origen de estos trastornos es multifactorial, abarcando aspectos genéticos, entorno familiar y antecedentes de enfermedades psiquiátricas. Los especialistas advierten que quienes están en riesgo suelen mostrar conductas como evitar alimentos calóricos, ayunar de forma prolongada, usar laxantes, o tener una preocupación excesiva por su figura.
Ante ello, se recomendó a madres, padres y cuidadores mantener comunicación constante con sus hijos, observar cambios en su relación con la comida y la imagen corporal, y reforzar una visión saludable y realista del cuerpo.
Por su parte, el Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz” opera desde 1996 una Clínica de Trastornos de la Conducta Alimentaria, que cada año atiende hasta 300 nuevos casos, principalmente de jóvenes entre 14 y 25 años. El tratamiento es individualizado y puede extenderse por meses o de forma permanente, según la gravedad del trastorno. Incluye evaluación médica y psiquiátrica, rehabilitación nutricional y psicoeducación para pacientes y familiares.
Finalmente, especialistas advirtieron que la pandemia de COVID-19 incrementó la incidencia de estos trastornos debido al aislamiento, cambios en los hábitos alimenticios y la exposición a contenidos dañinos en redes sociales sobre pérdida de peso, lo que refuerza la urgencia de una atención integral y temprana.
