Ciudad de México.— México enfrenta una grave crisis de salud pública tras confirmarse que la Encuesta Nacional de Salud Mental y Adicciones, realizada entre 2018 y 2024, ha sido descartada por errores metodológicos. Con ello, el país lleva siete años sin contar con datos confiables sobre el consumo de drogas, desde la última encuesta válida en 2017, realizada durante el sexenio de Enrique Peña Nieto.
Lo más alarmante es que no habrá sanciones para los responsables, a pesar de que la ley establece consecuencias por omitir información clave en materia de salud. Esta falta de rendición de cuentas agrava la crisis en un momento en que el consumo de sustancias ha mostrado incrementos preocupantes.
Según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas de 2017, el uso de cocaína creció 47% desde 2000, la marihuana 245% y las anfetaminas un 780%, especialmente entre 2014 y 2017. Aunque el fentanilo no destacaba entonces, ya se alertaba sobre su peligrosidad.
Actualmente, México enfrenta un aumento del consumo interno de fentanilo, un opioide sintético que ha devastado comunidades en EE.UU. La falta de datos impide medir su impacto real, dificultando las políticas de prevención y tratamiento. Además, existe el riesgo de que, como ocurrió tras el 11-S con la cocaína, los cárteles redirijan el fentanilo al mercado mexicano si EE.UU. endurece controles fronterizos.
Mientras tanto, el gobierno ha lanzado una miniserie en televisión pública sobre la crisis del fentanilo, pero expertos advierten que acciones mediáticas no sustituyen la falta de políticas públicas basadas en evidencia.
Ante este panorama, se exige una nueva encuesta nacional con rigor metodológico, inversión urgente en programas de prevención y tratamiento, así como una colaboración internacional efectiva para frenar el avance del fentanilo y otras drogas sintéticas. El tiempo apremia: si no se actúa con decisión, México podría enfrentar una crisis sanitaria de dimensiones catastróficas.
