La aprobación del uso medicinal del cannabis mediante un nuevo decreto representa un avance en la búsqueda de alternativas terapéuticas para enfermedades que no responden a tratamientos convencionales. Esta medida permite su aplicación en casos específicos como la esclerosis múltiple, epilepsias graves, náuseas por quimioterapia y dolor crónico resistente, siempre con base en evidencia científica.
El enfoque adoptado es flexible, ya que no establece una lista definitiva de enfermedades, dejando en manos de organismos reguladores la posibilidad de ampliar sus usos conforme avancen las investigaciones. Sin embargo, la normativa también impone estrictas condiciones: solo médicos especialistas pueden prescribirlo y su distribución se limita a farmacias hospitalarias autorizadas, garantizando calidad, seguridad y control.
Asimismo, expertos médicos advierten sobre los riesgos del uso recreativo del cannabis, como la adicción y posibles trastornos mentales. Por ello, se enfatiza que su uso debe mantenerse dentro de un marco clínico riguroso, evitando su mal uso y asegurando que funcione como una herramienta terapéutica segura y efectiva.
