Paloma, una mujer de 32 años, comparte su historia de vida marcada por el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), una condición que comenzó desde su infancia sin ser detectada. Durante años, vivió atrapada en pensamientos obsesivos relacionados con la culpa y la necesidad de ser perfecta, lo que la llevó a desarrollar conductas cada vez más extremas.
A pesar de destacar académicamente, su perfeccionismo se convirtió en un obstáculo: invertía tanto tiempo en revisar y corregir sus tareas que no lograba terminarlas. Con el paso del tiempo, su obsesión evolucionó hacia la limpieza, convirtiéndose en el eje central de su vida.
Llegó a pasar hasta ocho horas diarias en rutinas de higiene, con rituales constantes que le impedían llevar una vida normal. La situación se agravó al punto de abandonar sus estudios, trabajo, relaciones personales y actividades cotidianas. Su mundo se redujo a evitar cualquier situación que implicara “ensuciarse”.
El impacto físico y emocional fue severo: desde lesiones en la piel por el exceso de lavado hasta aislamiento total, ansiedad constante y desesperación. Durante años, Paloma no encontró respuestas ni comprensión, incluso recibiendo diagnósticos equivocados.
Sin embargo, su historia dio un giro cuando finalmente encontró a un profesional que identificó correctamente su problema y le propuso un tratamiento adecuado. Aunque al principio dudó, decidió intentarlo tras tocar fondo. A través de una terapia intensiva, logró salir del ciclo obsesivo que la mantenía atrapada.
Hoy, Paloma asegura llevar una vida completamente normal y destaca que ahora valora cosas simples que antes le eran imposibles, como salir, convivir o disfrutar de actividades cotidianas.
Su testimonio busca generar conciencia sobre este trastorno y dar esperanza a quienes lo padecen, demostrando que, con ayuda profesional y determinación, es posible recuperarse.
