"Todo empezó cuando entré a secundaria. Tenía 13 años y sentía que no encajaba. En redes veía cuerpos perfectos y empecé a compararme. Dejé de comer postres, luego desayunos, y después casi toda la comida. Me obsesioné con contar calorías y hacer ejercicio hasta el cansancio. Mi familia pensaba que solo quería comer más saludable, pero por dentro me sentía culpable, ansiosa y vacía. Perdí peso rápido, pero también dejé de salir con mis amigos, me sentía triste todo el tiempo y me costaba concentrarme en la escuela. Mi mamá notó que algo andaba mal cuando empecé a esconder comida. Gracias a un psicólogo escolar recibí ayuda. No fue fácil, pero estoy aprendiendo a aceptar mi cuerpo y a cuidarme de verdad.”
— Valeria, 16 años. Diagnóstico: anorexia nerviosa en etapa inicial.
Contar calorías se volvió mi vida: así comenzó mi lucha contra la anorexia
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