Me llamo Kevin, tengo 16 años y soy de la Ciudad de México. Empecé a tomar alcohol desde los 8 años. Al principio era sólo por curiosidad o por sentirme parte de algo, pero con el tiempo el consumo se volvió cada vez más frecuente. A los 14 años ya no podía parar. Bebía y me drogaba casi todos los días. Me sentía atrapado, desesperado, como si no hubiera forma de salir de ahí.
Fue mi mamá quien me llevó a Alcohólicos Anónimos. Al principio no quería ir. Me daba pena, no me gustaba la idea. Pero fue ahí donde, por primera vez, sentí que alguien me entendía. Escuché historias parecidas a la mía y poco a poco empecé a ver que sí había otra forma de vivir. Me costó trabajo dejar los viejos hábitos, pero con el tiempo me di cuenta de que sí se puede vivir bien sin alcohol y sin drogas.
Hoy llevo casi dos años limpio. Me siento mucho mejor conmigo mismo. Nunca pensé que estaría agradecido por haber llegado a AA, pero ahora sé que fue lo mejor que me pudo pasar. A veces uno piensa que ya no hay salida, pero sí la hay. Sólo hay que dar el primer paso.
