"Cuando tenía 15 años, estábamos jugando PlayStation en una sala de videojuegos y alguien me insultó. Tomé un taco de billar y se lo rompí por la cabeza. Lanzaba insultos a todo el mundo. Incluso rompí las ventanas".
Abdul Hameed, ahora de 24 años, recuerda el momento en que se dio cuenta de que su adicción a las drogas se había descontrolado.
Dos años antes, cuando tenía 13 años, había probado por primera vez Tramadol, un analgésico basado en opiáceos.
Al igual que muchos jóvenes egipcios, comenzó tomando un cuarto de una tableta de 100 mg para drogarse.
"Me sentía como un superhéroe", dice. "Podría hacer cualquier cosa".
Para cuando se volvió loco en aquella sala de videojuegos, Abdul Hameed estaba tomando 57 analgésicos por día, con una mezcla de Tramadol y otras tabletas que tienen como base común los opioides.
Sufrió sobredosis y casi murió varias veces desde entonces.
"La triste verdad"
Según el Fondo Egipcio para el Control de Drogas y Tratamiento de Adicciones, casi uno de cada tres egipcios, es decir alrededor de 30 millones de personas, son adictos a los analgésicos.
El Tramadol es la droga predilecta. Apareció por primera vez en el mercado del país árabe hace 20 años.
Al ser más barato que la heroína y de fácil acceso, rápidamente se hizo popular entre los adictos y luego se extendió a la población en general como una forma de lidiar no solo con el dolor físico, sino también con el estrés de la vida cotidiana.El Tramadol se ha arraigado tanto en Egipto que las líneas de ayuda para adicciones dicen que reciben hasta 500 llamadas por día de personas desesperadas que buscan tratamiento.
El centro de rehabilitación de drogas en el Hospital Psiquiátrico Abbasiya, en El Cairo, dijo a la BBC que más de la mitad de sus pacientes tienen entre 21 y 30 años.
Según las estadísticas oficiales, el 70% de los adictos al Tramadol en Egipto son hombres, pero también hay un número creciente de mujeres.
La joven madre Ahlam comenzó a tomar Tramadol para lidiar con el trabajo pesado de las labores domésticas y el cuidado de los niños.
Al igual que Abdul Hameed comenzó con una cuarta parte de una tableta de 100 mg pero rápidamente aumentó la dosis a cuatro tabletas por día.
Ahora, incluso si aumenta la dosis, la droga ya no tiene el mismo efecto: "Solía disfrutar el aumento de energía… Pero ahora el empujón ya no está allí".
El precio de la adicción de Ahlam es fácil de ver: está pálida y delgada, fuma cigarrillos a montones y su aspecto físico no coincide con su edad, 28 años, sino con el de alguien mucho mayor.
Su familia también está sufriendo.
"Mi esposo me dio dinero para comprar pollo. Fingí que había comprado algo y los niños se lo habían comido todo, pero por supuesto no era cierto. Usé el dinero para comprar Tramadol y les di de comer pasta barata. Esta es la triste verdad", confiesa.
Ahlam ha vendido cosas de la casa familiar para alimentar su adicción a las drogas, y en un momento particularmente sombrío incluso le ofreció a un vecino, también un adicto, tener sexo a cambio de algunas píldoras. Pero él se negó.
