En redes sociales circulan numerosos videos donde algunos culturistas enseñan cómo “chuzarse” o usar esteroides para ganar músculo rápido. Estos tutoriales minimizan riesgos y facilitan el acceso a sustancias ilegales, lo que aumenta la vulnerabilidad de personas con tendencia a la vigorexia.
La vigorexia o dismorfia muscular es un trastorno reciente y poco reconocido oficialmente, pero muy presente en consultas de salud mental. Afecta sobre todo a hombres jóvenes que, influenciados por la subcultura del culturismo, viven rodeados de refuerzo social: compañeros que justifican el exceso de ejercicio, dietas extremas y el uso de anabolizantes. Muchas veces, el acceso a estas sustancias ocurre dentro del propio gimnasio.
Los esteroides anabolizantes —versiones sintéticas de la testosterona— se consumen en dosis muy superiores a las médicas, lo que supone graves riesgos físicos y psicológicos. Entre los más comunes se encuentran ginecomastia, disminución testicular, galactorrea, brotes psicóticos, insuficiencia renal, daño hepático, infartos e ictus.
Peligros irreversibles del uso prolongado de esteroides:
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Daños permanentes en el hígado.
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Atrofia testicular que puede no recuperarse completamente.
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Alteraciones cardíacas estructurales que incrementan de por vida el riesgo de muerte súbita.
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Infertilidad crónica.
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Cambios severos en la piel (estrías profundas, acné cicatrizante).
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Afectaciones psicológicas persistentes, como agresividad extrema o depresión resistente.
Mientras las redes suelen bloquear contenido que promueve anorexia o bulimia, apenas existen filtros para videos donde se muestran ciclos de esteroides paso a paso. Incluso algunos youtubers, pese a “advertir” que no son médicos, explican dosis, marcas y sitios de compra, lo que normaliza conductas de riesgo.
El límite entre culturismo y vigorexia es muy fino: la persona nunca se ve lo suficientemente musculosa, entrena de forma compulsiva y basa toda su vida en su aspecto físico. Suelen presentar baja autoestima, perfeccionismo extremo y dificultades emocionales. Aunque el tratamiento es efectivo, muchas personas no reconocen que están enfermas, lo que dificulta pedir ayuda.
