Una investigación ha desentrañado el preocupante vínculo detectado en EE UU entre el consumo intensivo de alcohol y los infartos cerebrales más graves y tempranos. El estudio, que ha analizado a 1.600 pacientes hospitalizados por hemorragia cerebral, explica que quienes beben tres o más bebidas al día sufren derrames cerebrales 11 años antes que quienes no consumen alcohol o lo hacen moderadamente.
La investigación muestra que los pacientes con estos hábitos de consumo llegan al hospital con hemorragias cerebrales que, además de ser hasta un 70% mayores, tienden a asentarse en zonas más profundas del cerebro, lo que compromete aún más su pronóstico. De hecho, son casi el doble de propensos a experimentar una combinación particularmente peligrosa: el derrame se extiende a los ventrículos cerebrales, algo que los especialistas relacionan con peores tasas de recuperación y mayor riesgo de discapacidad severa. El estudio se publica hoy en la revista Neurology, de la Academia Estadounidense de Neurología.
