En el Día de los Veteranos, organizaciones de excombatientes pacifistas realizaron manifestaciones masivas en más de 75 ciudades de Estados Unidos —incluyendo Nueva York, Los Ángeles, Washington, Portland, Chicago, Memphis y Boston— para expresar su rechazo a los recientes despliegues militares ordenados por el presidente de los Estados Unidos de América. Bajo la consigna “No a la guerra contra nuestras ciudades”, los grupos denunciaron las amenazas del gobierno de utilizar tropas federales para intervenir en diversas urbes del país.
Los organizadores acusaron a la administración de atacar a las comunidades más vulnerables, recortar fondos destinados a programas sociales y reducir el apoyo a veteranos. En su comunicado indicaron que no permanecerán pasivos ante el uso del ejército contra civiles y la creciente influencia de élites económicas que, según ellos, “desangran a la nación”.
Las protestas también exigieron el fin del uso del ejército con fines políticos internos, así como la restauración del financiamiento para programas de asistencia dirigidos a excombatientes. Los manifestantes sostuvieron que el gobierno está priorizando la militarización por encima del bienestar social.
Una figura destacada en las movilizaciones fue el oficial del ejército estadounidense, quien renunció a su puesto en la Agencia de Inteligencia de Defensa por negarse a participar en tareas de apoyo a Israel durante la guerra en Gaza. Él afirmó que, actualmente, algunos militares estadounidenses reciben órdenes que implican violaciones legales e incluso posibles crímenes de guerra, lo que refuerza su postura en contra del uso indebido del poder militar.
En conjunto, las manifestaciones buscaban enviar un mensaje claro: los veteranos pacifistas se oponen a la militarización interna del país y exigen que el gobierno priorice la protección de las comunidades y el respeto a los derechos humanos por encima de las acciones militares.
