La epidemia de tabaquismo es una de las amenazas más mortíferas del mundo: un pacto mundial la está combatiendo

Freepik (2025).

La epidemia de tabaquismo es una de las amenazas más mortíferas del mundo: un pacto mundial la está combatiendo
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En las últimas dos décadas, el consumo mundial de tabaco se ha reducido en un tercio, con 118 millones de consumidores menos desde 2005. Este avance se atribuye en gran parte al Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (CMCT), que esta semana cumple 20 años de su entrada en vigor y es considerado uno de los tratados internacionales más ampliamente respaldados, con 183 países firmantes que representan al 90% de la población mundial.

Gracias a este tratado, más de 5.600 millones de personas están protegidas por al menos una medida efectiva de control del tabaco. Entre las acciones más destacadas están las advertencias gráficas en empaques, el empaquetado neutro, la prohibición total de publicidad en 66 países, y restricciones para fumar en espacios interiores. Además, el aumento de impuestos sobre productos de tabaco sigue siendo una de las estrategias más eficaces para reducir su consumo y financiar sistemas de salud.

En 2018, se sumó un protocolo adicional para combatir el comercio ilícito de tabaco, una práctica que debilita los esfuerzos de control y favorece actividades delictivas. Sin embargo, el tabaco continúa siendo la principal causa prevenible de muerte a nivel global, asociado con enfermedades como el cáncer, la diabetes y problemas cardiovasculares y respiratorios.

Actualmente, 1.300 millones de personas siguen consumiendo tabaco. Frente a la caída en ventas de cigarrillos, la industria tabacalera ha redirigido sus esfuerzos hacia productos emergentes como los cigarrillos electrónicos, que se promocionan como alternativas más seguras, pese a que generan sustancias tóxicas. Este cambio busca atraer a nuevos consumidores, especialmente jóvenes.

El tabaco también representa un grave problema ambiental. Cada año se desechan alrededor de 4.5 billones de colillas, convirtiéndose en la segunda mayor fuente de contaminación plástica del planeta. Además, la producción de tabaco libera cerca de 80 millones de toneladas de dióxido de carbono anualmente, contribuyendo al cambio climático, y ocupa recursos agrícolas que podrían destinarse a cultivos alimentarios.

Pese a los avances, solo 56 países están en camino de cumplir la meta de reducir en un 30% el consumo de tabaco para 2025. La OMS insiste en que es necesario reforzar la aplicación del convenio, proteger las políticas de salud pública de la influencia de la industria tabacalera y ampliar las prohibiciones de publicidad y patrocinio, incluso en redes sociales.

El tabaco no solo es una amenaza para la salud, sino también para el desarrollo económico y ambiental. La implementación total del CMCT es esencial para garantizar un futuro más saludable y sostenible para todos.