Cuando el perfeccionismo se convierte en una obsesión y el error se percibe como ‘fin del mundo’: “No me permito fallar en nada”

Freepik (2025).

Cuando el perfeccionismo se convierte en una obsesión y el error se percibe como ‘fin del mundo’: “No me permito fallar en nada”
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El perfeccionismo no siempre es una virtud. Para muchas personas, como Laura y Carmen, jóvenes que comparten su testimonio en este artículo de Infobae España, se convierte en una losa emocional que afecta su autoestima, relaciones y bienestar. La psicóloga Leticia Palomeque explica que este tipo de perfeccionismo nace de una combinación de factores: educación estricta, modelos parentales exigentes, presión social y comparaciones constantes en redes.

Las personas perfeccionistas tienden a vivir con miedo al error, a ser juzgadas o a no cumplir con estándares (propios o ajenos) imposibles. Ven los errores como fracasos absolutos, lo que genera agotamiento, ansiedad, autoexigencia constante y, paradójicamente, incluso procrastinación. Este ciclo se refuerza cuando creen que solo son valiosas si su desempeño es impecable.

En terapia, el objetivo es transformar esta visión dicotómica (“todo o nada”) en una más realista y compasiva, que permita valorar el proceso, aceptar errores y reducir el miedo a no ser “perfectos”. El camino es difícil, pero necesario para construir una vida más equilibrada, libre del castigo mental que supone la obsesión por hacerlo todo bien.