Científicos descubrieron los genes vinculados al TOC y cómo cambia el cerebro, según un nuevo estudio

Freepik (2025).

Científicos descubrieron los genes vinculados al TOC y cómo cambia el cerebro, según un nuevo estudio
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Importante avance genético en la comprensión del TOC, uno de los trastornos mentales más incapacitantes del mundo

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) es una de las enfermedades psiquiátricas más incapacitantes a nivel mundial. Se estima que afecta a 1 de cada 50 personas, y figura entre las 10 principales causas de años de vida perdidos por discapacidad. Las personas que lo padecen ven afectadas gravemente sus capacidades para trabajar, estudiar y relacionarse, y sus familias también sufren las consecuencias.

Además de su impacto en la calidad de vida, el TOC conlleva un riesgo elevado de mortalidad. Quienes lo padecen tienen un 30% más de probabilidad de morir prematuramente por causas naturales, como infecciones o enfermedades crónicas, y un 300% más por causas no naturales, como accidentes o suicidios.

El TOC se caracteriza por la presencia de obsesiones —pensamientos, miedos o imágenes intrusivas y angustiantes— y compulsiones —conductas repetitivas que buscan aliviar la ansiedad provocada por las obsesiones—. Por ejemplo, una persona puede lavarse las manos decenas de veces o evitar situaciones específicas por temor a contaminarse o cometer un error.

Aunque sus causas exactas siguen siendo desconocidas, se sabe que el TOC es producto de una combinación de factores genéticos y ambientales. La influencia genética es significativa, especialmente en los casos que comienzan en la infancia. Se estima que entre el 40% y el 65% de los casos podrían atribuirse a factores hereditarios.

A diferencia de enfermedades genéticas clásicas causadas por un solo gen defectuoso, como la fibrosis quística, el TOC está influido por cientos o incluso miles de genes, cada uno con un pequeño efecto individual. Para identificar estos genes, un equipo internacional de investigadores realizó el estudio de asociación del genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés) más amplio hasta la fecha.

El estudio analizó el ADN de más de 53.000 personas con TOC y de más de 2 millones de controles sanos. Como resultado, se identificaron 30 regiones del genoma asociadas con el TOC, que contienen 249 genes potencialmente relevantes. De ellos, 25 genes se destacaron como probables contribuyentes al desarrollo del trastorno.

Los genes más relevantes también se han vinculado a otros trastornos neurológicos y psiquiátricos, como la depresión, la epilepsia y la esquizofrenia. Algunos de estos genes se encuentran en regiones relacionadas con el sistema inmunitario, lo que refuerza la hipótesis de una posible conexión entre el TOC, la inmunidad y la inflamación cerebral.

Los investigadores también encontraron una actividad genética elevada en regiones cerebrales clave implicadas en funciones como la regulación emocional, la toma de decisiones, la motivación, la planificación y la respuesta al miedo y la ansiedad. Una de las áreas destacadas fue el hipotálamo, que convierte emociones en respuestas físicas, y que hasta ahora no se había relacionado directamente con el TOC.

Un hallazgo especialmente relevante fue la asociación de ciertos genes con neuronas espinosas medianas del cuerpo estriado, una región del cerebro involucrada en la formación de hábitos. Estas neuronas están relacionadas con las compulsiones automáticas que caracterizan al TOC, y son el blanco de algunos de los medicamentos que se utilizan actualmente en su tratamiento.

El estudio también reveló vínculos genéticos del TOC con otras afecciones psiquiátricas, como la ansiedad, la anorexia nerviosa, la depresión y el síndrome de Tourette. En contraste, se halló un menor riesgo genético de desarrollar conductas impulsivas, como el abuso de alcohol, lo que coincide con la tendencia de muchas personas con TOC a evitar el riesgo.

Además, se encontraron asociaciones con enfermedades inmunológicas: por un lado, una mayor propensión genética al asma y las migrañas, y por otro, un menor riesgo de padecer enfermedad inflamatoria intestinal. Estos hallazgos refuerzan la idea de que el sistema inmune y los procesos inflamatorios podrían jugar un papel en el desarrollo del TOC.

Aunque ningún gen por sí solo causa el trastorno, esta investigación representa un avance clave para comprender su compleja base biológica. El objetivo final es que este conocimiento permita mejorar el diagnóstico, identificar precozmente a las personas en riesgo y desarrollar tratamientos más personalizados y eficaces.

Los autores del estudio, liderados por psiquiatras e investigadores especializados en neurociencias, subrayan que entender el origen biológico del TOC es fundamental para transformar el enfoque clínico del trastorno. A medida que se amplíen los estudios genéticos y se profundice en los mecanismos cerebrales implicados, aumentan las posibilidades de ofrecer tratamientos más precisos y efectivos, con el potencial de cambiar la vida de millones de personas en todo el mundo.