La vigorexia, o dismorfia muscular, es un trastorno psicológico que afecta principalmente a hombres y se caracteriza por una percepción distorsionada del cuerpo: quienes la padecen se ven débiles o pequeños, aun cuando tienen una musculatura desarrollada. Esta obsesión suele compararse con una “anorexia inversa”, ya que el objetivo no es adelgazar, sino ganar músculo de forma compulsiva.
El artículo de BBC Mundo relata el caso de Pradeep Bala, un joven londinense que, pese a su físico robusto, se sentía insatisfecho y avergonzado de su cuerpo. Su obsesión por alcanzar un ideal físico lo llevó al aislamiento social, la ansiedad, la depresión y a una rutina dominada por el gimnasio y la autoexigencia constante.
La noticia advierte que este trastorno está en aumento y que muchos casos no se diagnostican por falta de conciencia social. En Reino Unido, se estima que uno de cada diez hombres que asisten al gimnasio podría padecer vigorexia. Entre los comportamientos más comunes se encuentran el entrenamiento excesivo, el uso de esteroides anabólicos, la irritabilidad y el abandono de la vida social.
Finalmente, se expone la historia de Oli Loyne, un joven que murió tras sufrir múltiples ataques cardíacos relacionados con el abuso de esteroides y el ejercicio extremo, evidenciando que la vigorexia puede tener consecuencias fatales. El artículo subraya la creciente presión social sobre los hombres para cumplir con ideales físicos irreales y la necesidad de reconocer este trastorno como un problema serio de salud.
