En un juicio clave celebrado en Los Ángeles, el director ejecutivo de Meta, admitió que Instagram tardó en tomar medidas adecuadas para detectar a usuarios menores de 13 años, a pesar de que la plataforma prohíbe su registro.
Durante su testimonio, el directivo reconoció que, aunque actualmente la empresa considera estar “en el lugar correcto” respecto a la verificación de edad, “podríamos haberlo hecho antes”. Documentos internos presentados ante el jurado revelaron que en 2015 la red social contaba con aproximadamente cuatro millones de usuarios menores de 13 años, y que cerca del 30% de los niños de entre 10 y 12 años en Estados Unidos utilizaban la aplicación.
El caso forma parte de una serie de demandas que buscan determinar si plataformas como YouTube —propiedad de Google— e Instagram diseñaron deliberadamente sus sistemas para fomentar el uso prolongado y potencialmente compulsivo entre menores, afectando su salud mental.
La demanda gira en torno al caso de una joven californiana que comenzó a usar redes sociales desde la infancia: accedió a YouTube a los seis años e ingresó a Instagram a los once, pese a las restricciones oficiales de edad. El abogado demandante cuestionó que las normas estuvieran “enterradas” en acuerdos de usuario extensos y poco accesibles para menores.
Durante el interrogatorio, el CEO mostró incomodidad ante las preguntas sobre la filosofía empresarial de Meta y sus antiguos objetivos relacionados con el tiempo de permanencia en la plataforma. Aunque admitió que en el pasado existieron metas enfocadas en aumentar el tiempo de uso, subrayó que la intención principal siempre fue “crear servicios útiles que ayuden a las personas a conectarse con quienes quieren y a conocer el mundo”.
El juicio, que se extenderá hasta finales de marzo, podría marcar un precedente para miles de familias estadounidenses que han presentado demandas similares. A diferencia de otros casos centrados en contenido publicado por usuarios —protegido por amplias inmunidades legales en Estados Unidos—, este proceso se enfoca en el diseño de las aplicaciones, sus algoritmos y sus sistemas de personalización.
La decisión del jurado podría redefinir los límites de responsabilidad de las grandes plataformas tecnológicas en relación con el bienestar digital de niños y adolescentes.