La industria del juego ha crecido de forma acelerada en los últimos años, impulsada principalmente por la accesibilidad del juego online. Hoy en día, las apuestas están disponibles las 24 horas, son rápidas, continuas y cada vez más personalizadas gracias al uso de tecnologías digitales. Esta facilidad de acceso ha incrementado los daños para los consumidores y su entorno.
Diversos estudios, como el publicado por la Comisión de Salud Pública de The Lancet, señalan que el juego debe abordarse como un problema de salud pública. No se trata solo de decisiones individuales, sino de un ecosistema corporativo que normaliza el juego, influye en la opinión pública y utiliza estrategias de marketing diseñadas para aumentar el tiempo y la intensidad del consumo.
Los efectos del juego van más allá del ámbito personal: generan problemas económicos, deterioro de la salud mental, conflictos familiares, violencia doméstica y un aumento de las desigualdades sociales. Además, su diseño permite un consumo sin límites claros, con costos muchas veces desconocidos para el jugador.
Cambiar el enfoque del “juego responsable” a una perspectiva de salud pública permitiría aplicar regulaciones más efectivas, limitar la publicidad, proteger a los consumidores y promover acciones preventivas. Priorizar la salud sobre los intereses económicos es clave para reducir los daños y construir una sociedad más consciente y protegida.