Todas las personas tienen la capacidad para reconocer cuándo están más dispuestas al contacto erótico y hasta les resulta posible determinar qué tipo de estímulos incrementan su deseo. Sin embargo, cuando este deseo es constante y en todo momento del día, dejando de lado las obligaciones laborales y personales, la adicción al sexo se hace evidente: un comportamiento irrefrenable, repetitivo, con culpa y sensación de vacío una vez que se ha conseguido bajar la tensión invade a la persona de un modo intolerable y preocupante.
Se entrevistó a Walter Ghedin -médico psiquiatra y sexólogo- quien explicó que la adicción al sexo se observa tanto en hombres como en mujeres, en edades que van entre los 20 a los 45 años.
"No se conocen las causas que la provocan, aunque los estudios apuntan a desórdenes en los neurotransmisores (aumento de la dopamina), y fundamentalmente factores emocionales: estrés, inseguridad personal, sentimiento de inferioridad, temores de ser humillados o avergonzados por los demás", sostuvo Ghedin. "Las personas adictas refieren no poder controlar el impulso que los lleva a tener sexo en forma urgente, lo que les ocasiona serias dificultades en su vida social, familiar, laboral y económica".
Todas las personas tienen la capacidad para reconocer cuándo están más dispuestas al contacto erótico y hasta les resulta posible determinar qué tipo de estímulos incrementan su deseo. Sin embargo, cuando este deseo es constante y en todo momento del día, dejando de lado las obligaciones laborales y personales, la adicción al sexo se hace evidente: un comportamiento irrefrenable, repetitivo, con culpa y sensación de vacío una vez que se ha conseguido bajar la tensión invade a la persona de un modo intolerable y preocupante.
"Toda conducta de abuso o francamente adictiva merece ser tratada, para que la persona pueda recuperar el control de sus impulsos. Es fundamental trabajar sobre la personalidad ansiosa o temerosa de base, para que el sujeto adquiera más seguridad personal, maneje mejor los sentimientos de inferioridad, la tolerancia a la frustración y empiece a reconocer -y a confiar- en sus potencialidades amatorias", expresó el especialista.
"No hay tratamientos específicos que "curen" la adicción al sexo, aunque se puede controlar con terapias cognitivas, grupos de "sexo adictos" y fármacos que calmen los impulsos y la ansiedad. Los grupos de ayuda proponen como objetivo la "sobriedad sexual", es decir, lograr tener relaciones sexuales no impulsivas ni generadoras de malestar", indicó Ghedin.
Finalmente, el profesional consultado por #JuntaMédica dio las 10 señales de alerta para detectar la hipersexualidad:
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Se siente un deseo intenso, incómodo, que necesita ser satisfecho en forma urgente.
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El impulso sexual se acompaña de fantasías y pensamientos intrusos.
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La persona intenta infructuosamente controlar la conducta sexual.
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Consumo excesivo de material pornográfico.
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Aparición de culpa por no haber podido frenar el impulso.
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Deterioro laboral, social, académico, familiar.
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Gastos desmedidos en “sexo pago”.
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“Sexo rápido” en lugares marginales.
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En el momento del impulso, el sujeto no puede evaluar los riesgos (sexo con desconocidos, peligro de contraer enfermedades de transmisión sexual, etc.)
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Malestar subjetivo: angustia, remordimiento, culpa, aislamiento social, ideas depresivas, intentos de suicidio, etc.
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Dificultades para pedir ayuda: sentimientos de vergüenza que impiden compartir el problema con personas cercanas o profesionales.
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