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Creando estilos de vida sanos

Testimonio de un alcohólico que logró salir de la cárcel de la adicción

A los 18 años, Jorge (54 años, nombre ficticio) fumaba “algún porrillo que otro” pero bebía poco alcohol. A los 22 empezó a coquetear con la cocaína y el beber fue progresivamente en aumento. Trabajaba en la hostelería y vivía con sus padres, lo cual le permitía disponer de dinero. En los 10 años siguientes se casó, tuvo una hija, se divorció… Y, paralelamente, el consumo esporádico y supuestamente «controlado» evolucionó hacia un alcoholismo flagrante.

“A partir de los 28 años ya consumían mucho, ya estaba hecho un adicto, es decir, bebía por la mañana, bebía al mediodía, bebía por la tarde y por la noche, y todos los días. Y la rayita de coca, por supuesto, me la hacía al final de la noche”, cuenta Jorge desde Las islas Canarias.

“¿Qué me llevó a consumir de esa forma? Hombre, hoy en día miro hacia atrás y a veces me hago esa misma pregunta”, confiesa. A partir de la separación Jorge atravesó varias depresiones (y seguramente antes también). Entonces se aferró a la bebida «como excusa”. Desde ese momento, el consumo fue en exceso.

“Me llegué a beber a diario hasta 15 Jägermeister”. Se trata de un licor de hierbas alemán de 34,5%. A lo que añadía 10 cervezas. “Así estuve muchos años, muchísimos años.»

Jorge. Testimonio de un alcohólico

“Me llegue a beber a diario hasta 15 Jägermeister”. Se trata de un licor de hierbas alemán de 34,5%. A lo que añadía 10 cervezas. “Así estuve muchos años, muchísimos años. ¿El motivo? No sé…. Le puedes echar la culpa a la depresión por haberme separado, tal vez… Pero lo gracioso es que me gustaba”, se sorprende Jorge.

Sin embargo, su voz transmite la sensación del vacío que experimentaba en aquellos tiempos. Un aire de falta de motivación y entusiasmo que toda persona con tendencia a la adicción busca llenar con los estímulos provocados por la sustancia o por el hábito compulsivo.

“Incluso me levantaba a las 5:30 de la mañana, acostándome a las 2:00 de la mañana, para ir a un bar que hay al lado de mi casa, para tomarme un café y un agua con gas y, luego, me bebía tres Jägermeister. ¡Impresionante!”, relata, sorprendido de sí mismo.