
22 de octubre del 2021
Pagina web The conversation Ana Polache Vengut Catedrática
Foto de Gemini
La adicción a las drogas es considerada actualmente una enfermedad crónica del cerebro, tal como lo señalan especialistas como Nora Volkow, directora del National Institute on Drug Abuse. Lejos de ser una falta de voluntad, se trata de un trastorno biopsicológico que provoca cambios duraderos en la estructura y función cerebral, afectando la capacidad de autocontrol.
El diagnóstico clínico se basa en criterios establecidos en el DSM-5, donde el Trastorno por Consumo de Sustancias puede clasificarse como moderado o severo según la cantidad de síntomas presentes.
El potencial adictivo de una droga depende de sus propiedades farmacológicas, la rapidez con la que actúa en el cerebro y su vía de administración. Sustancias como la cocaína o la heroína generan efectos intensos y rápidos, lo que aumenta su capacidad de generar dependencia.
Sin embargo, no todas las personas que consumen drogas desarrollan adicción. Aproximadamente entre un 15 % y un 20 % de quienes experimentan con sustancias progresan hacia un consumo compulsivo. Esto se debe a la combinación de factores genéticos (alrededor del 40 % del riesgo), ambientales (entorno familiar, social y escolar) y personales (edad, salud mental, etapa de desarrollo).
También existen factores de protección, como el apoyo familiar, la estabilidad emocional y un entorno seguro, que pueden reducir significativamente el riesgo.
En conclusión, la adicción no depende únicamente de la sustancia, sino de la interacción entre la persona, el entorno y la droga. Comprender estos factores es clave para la prevención y para tomar decisiones informadas que eviten la progresión hacia la dependencia.
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