
13 de January del 2026
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Enero suele llegar acompañado de una elevada carga emocional. Tras el cierre de un año y el inicio de otro, muchas personas sienten que deben “arrancar con fuerza”, justo cuando el cuerpo y la mente piden lo contrario. La psicóloga Paula González describe este fenómeno con claridad: “El mundo se acelera justo cuando el cuerpo pide lo contrario”. Más ruido, más listas y más expectativas suelen traducirse en una mayor sensación de saturación.
Ante este escenario, cada vez más profesionales coinciden en la importancia de la pausa mental. Dedicarse unos minutos diarios al silencio, la respiración consciente o la meditación puede marcar una gran diferencia. El cardiólogo Valentín Fuster, por ejemplo, recomienda reservar al menos 15 minutos al día para pensar, reflexionar y no hacer nada, como una forma sencilla de cuidar la salud. Estas prácticas ayudan a reducir el cortisol, la hormona del estrés, y favorecen un mayor equilibrio emocional.
Cuando la carga emocional resulta difícil de gestionar, acudir a un profesional de la psicología no es un signo de debilidad, sino un primer paso hacia un año con mejor salud mental y mayor bienestar.
Las tradicionales listas de propósitos de Año Nuevo también están siendo cuestionadas. El psicólogo Víctor Amat es claro al respecto: “No hay nada peor que la frustración que generan estos listados”. En lugar de grandes metas, propone centrarse en el día a día como una oportunidad constante de cuidado personal.
La psicóloga Laura S. Moreno coincide en que la vida no se mide en grandes gestos, sino en días normales bien vividos. Practicar la autocompasión, revisar el diálogo interno y permitirse fallar forma parte de un enfoque más saludable y sostenible. Por ello, muchos expertos recomiendan sustituir la lista de objetivos por un balance del año anterior o una lista de agradecimientos, reconociendo los avances logrados sin añadir presión innecesaria.
El descanso es uno de los pilares más infravalorados de la salud. Dormir entre siete y ocho horas no solo mejora la concentración y el estado de ánimo, sino que también regula el sistema inmunológico y el metabolismo. Diversos estudios muestran que la falta de sueño se asocia con mayor inflamación, más estrés y una peor gestión emocional.
Los especialistas aconsejan recuperar cuanto antes horarios regulares de sueño, incluso los fines de semana, y reducir el uso de pantallas antes de acostarse. La luz azul inhibe la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia, por lo que dejar el móvil al menos una hora antes de dormir puede marcar una diferencia notable. Además, exponerse a la luz natural por la mañana, aunque solo sea durante 10 o 15 minutos, ayuda a reajustar el ritmo circadiano y mejora la calidad del descanso nocturno.
Empezar bien el año no requiere cambios drásticos ni una fuerza de voluntad infinita. Dormir mejor, comer de forma sencilla, moverse con respeto, cuidar la mente y reducir la autoexigencia son hábitos que, sostenidos en el tiempo, pueden transformar la salud y el bienestar.
Quizá este año no vaya de hacerlo mejor, sino —como resume Paula González— de hacerlo más coherente. Porque la felicidad no se construye en fechas simbólicas, sino en los días normales que decidimos vivir con más conciencia.
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