Creando estilos de vida sanos

Soy Esparta Palma. y soy adicto al café

No me produce ningún efecto adicional, no me quita el sueño ni me pone hiperactivo, quizás es porque he desarrollado tolerancia al elemento.

En mi familia sólo mi madre tomaba café, pero ocurría que a ella no le gustaba tomárselo sola, por lo que siempre buscaba algún cómplice para llevar a cabo su antojo, ella lo preparaba fuerte, negro a más no poder, claro, a mis escasos 7 años se apiadaba de mí y le incluía leche, por lo que tenía un sabroso y consistente café-con-leche, directito de la jarra, porque como tampoco le gustaba lavar platos grandes, pues lo hacía en un jarrito metálico pequeño (nunca tuvimos una cafetera eléctrica en casa).

En aquellos tiempos no pasaba como en casa de Lula, no obligaba a nadie y tampoco se ofrecía a hacer café para otros (de acomedida, nada!), solo para dos personas. Con el tiempo me fui haciendo adicto, y había épocas en que incluso lo tomaba varias veces al día (usualmente en las vacaciones de verano). A pocos les parecía cuerdo (o común) tomarse un cafecito a las 12 del día con una temperatura ambiente de 35 grados centígrados (a la sombra), pero ahhhhhh!, para eso “inventamos” el Frappé, que en los años 80s no era tan comercializado, y que para un servidor era todo una innovación. La euforia familiar concluyó una vez que a mi mamá le recomendaron no consumirlo debido a sus problemas con la presión arterial (y la diabetes). Pero vamos!, el daño ya estaba hecho y lamentablemente tuve que hacerle renegar tomándomelos enfrente y saboréndomelos a viva voz!.
Fuente: http://biblio.upmx.mx/Estudios/Documentos/adiccioncafeina045.asp