Te hablamos de las adicciones
  • QUE HACEN EL ALCOHOL Y LAS DROGAS EN EL CEREBRO ADOLECENTE?

22 de agosto del 2011

Linda Bucay

 

¿Qué hacen el alcohol y las drogas en el cerebro adolescente?

 

Linda Bucay

 

 “Como persona, eres lo que determina la configuración de tus neuronas […] las drogas están específicamente diseñadas para alterar esa configuración. De modo de que cuando lanzas a volar tu mente con las drogas, realmente la estás lanzando a volar. Es posible que no te maten, pero pueden alterar de manera drástica la forma en que eres”. Greenfield (En Ahuja, 2000)

 

 

Nuestro cerebro es un órgano que está compuesto desde que nacemos, por alrededor de 100,000,000,000 neuronas, que son las unidades de estructura básica o tabiques de construcción de nuestro sistema nervioso. La información es transmitida de una neurona a otra en forma de impulsos electrquímicos, que constituyen cierto “lenguaje”. Sin embargo, si comparamos el cerebro de un recién nacido con el de un adulto, nos daremos cuenta de que la diferencia está en que el del bebé casi no tiene conexiones establecidas. Como sabemos, un recién nacido no habla, no camina, no lee, no controla sus esfínteres; nacemos solamente con las conexiones necesarias para que nuestro cerebro realice funciones como la respiración, los latidos del corazón o el funcionamiento de los órganos, así como las funciones motoras de succionar o prensar con la mano (conocidas como reflejos). Conforme el cerebro del pequeño va madurando, se van estableciendo conexiones neuronales, desarrollando con ello funciones más avanzadas, como fijar la vista, gatear, decir sus primeras palabras… Es el lóbulo frontal (la frente) el último en madurar, al establecerse las conexiones alrededor de los 21 años de edad. Por lo tanto, las funciones propias de esta parte del cerebro aún están en desarrollo durante la adolescencia; algunas de las más importantes son la atención, el juicio, la responsabilidad, el control de impulsos, identificación de errores propios y manejo de alternativas.

 

Todas las drogas, ya sean legales o no, actúan a través de modificaciones en la transmisión de nuestras neuronas, ocasionando después de cierto tiempo, cambios estructurales. Las personas las consumen una y otra vez porque a diferencia de las satisfacciones naturales, actúan directamente sobre las neuronas que liberan un neurotransmisor llamado dopamina. Esa elevación artificial de dopamina, hace que todos los elementos ambientales y todas las sensaciones físicas, se asocien a satisfacción; con ello, el anhelo de la sustancia se mantiene. Si el consumo continúa, se produce cierta tolerancia, gracias a la capacidad adaptativa de nuestro organismo: la necesidad de dosis superiores para conseguir el mismo efecto. El síndrome de abstinencia aparece al interrumpir el consumo de algunas sustancias, y se debe a la pérdida temporal del equilibrio que el cerebro consigue con ella; el malestar producido por la abstinencia, hace que el abandonar las sustancias sea sumamente difícill.

 

Se piensa que lo primero que se daña al consumir alcohol o drogas, son las neuronas, pero en realidad son las conexiones entre ellas. Es así como su consumo en la adolescencia (no necesariamente el abuso), impiden la formación de conexiones hacia el lóbulo frontal, provocando un estancamiento en el desarrollo, y si hay abuso, pueden haber retrocesos.

 

Veremos que esto se refleja en los primeros síntomas, tanto en adolescentes que están inhibiendo el desarrollo de las conexiones, como en los adultos que ya tienen maduro el cerebro. En el caso de los adultos que comienzan a abusar de las sustancias, las primeras funciones que se ven afectadas son las del lóbulo frontal. Es por eso que comienzan a comportarse emocionalmente como adolescentes, y si le hacen más daño a su cerebro, como niños. A diferencia de las conexiones neuronales que sí se recuperan, el daño en las neuronas no. Clínicamente se observa que volver a recuperar las conexiones, lleva de 3 a 5 años sin volver a consumir ni una gota de alcohol o una mínima cantidad de droga. Pero una vez que las células se dañan, las consecuencias pueden ser irreversibles. Por ejemplo, probablemente han escuchado que está prohibido consumir alcohol y drogas durante el embarazo. Esto es porque constituye la primer causa de retraso mental, al provocar daño en las neuronas que apenas se están formando.

 

En la escuela, casi no se enseña sobre las funciones cerebrales, y menos aún, que cuando el cerebro se daña (o se enferma), al igual que sucede con otros órganos, estas se pueden alterar y se comienzan a manifestar diversos síntomas. Ante la falta de información, es difícil entender que la adicción es una disfunción del cerebro a varios niveles. Muchos creen que se pueden combatir con “fuerza de voluntad” o con el “poder de la mente”, pues el cerebro es el órgano menos entendido y al que más se le dan connotaciones “mágicas”. Sin embargo, una vez que el cerebro ha sufrido daños, por más que la persona lo “intente”, no podrá salir adelante sin tratamiento profesional, como con el resto de las enfermedades.

 

Como veíamos, los adolescentes, cuyos cerebros son aún relativamente maleables, son particularmente vulnerables ante el daño de las sustancias. Ahora que entendemos un poco de esto, démonos cuenta que son ellos quienes por diversas razones sociales y culturales, están especialmente propensos a consumir drogas, incluso las que representan el mayor riesgo para la salud física y mental.

 

Esto es sólo un poco de evidencia de que el “no pasa nada” con relación al consumo de sustancias, no es tan real como pensamos. No dejes que sea demasiado tarde; si conoces a alguien que sufra de una adicción o que esté abusando de sustancias, hazle saber que tiene un problema y que necesita ayuda profesional para salir de él. 

 

 

Bibliografía:

 

Francisco A. Cantú, “Con sentido común en las adicciones”.

 

Aizpiri Días, Barbado Alonso JA, Fernández Camacho F, Goncalves Estella F, Rodríguez Sendín JJ, Serna de Pedro I, Solla Camino JM: “Habilidades en Salud Mental: Trastornos por sustancias de abuso (y III): otras drogodependencias”. Sociedad Española de Medicina General, Madrid 2002

 

 

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